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Vol. 41. Núm. 2.Marzo - Abril 2021
Páginas 91-226
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Carta al Director
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Los riñones también hablan español
Kidneys also speak Spanish
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Jordi Bovera,1,
Autor para correspondencia
jbover@fundacio-puigvert.es

Autor para correspondencia.
, Ricardo Boschb,c, Pablo Ureñad, Pedro Trinidade, Aquiles Jaraf, José Luis Górrizg,1, Mónica Furlanoa,h, Ramón A. García-Trabaninoi, Rosana Gelpia,j, Alberto Ortizk, César A. Restrepol, Maya Sánchez-Bayaa,m, Carolt Aranaa,n, Marián Goicoecheao,1, Verónica Colla,p, Julián Seguraq,1, Orlando Gutiérrezr, Emilio Sánchezs, Alejandro Ferreirot, Rafael García-Masetu,1
a Servicio de Nefrología, Fundació Puigvert, IIB Sant Pau, Universitat Autònoma, Barcelona, España
b Graduado en la Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires, Argentina
c Departamento de Biología de Sistemas, Unidad de Fisiología, Facultad de Medicina, Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares, Madrid, España
d Graduado en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Santiago de los Caballeros, República Dominicana. AURA Nord Saint Ouen, Saint Ouen, Francia. Department of Renal Physiology, Necker Hospital, University of Paris Descartes, Paris, Francia
e Departamento de Nefrología, HECMN siglo XXI, IMSS, Ciudad de México, México
f Departamento de Nefrología, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile
g Servicio de Nefrología, Hospital Clínico Universitario, INCLIVA, Universidad de Valencia, Valencia, España
h Graduada en la Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina
i Centro de Hemodiálisis, San Salvador, El Salvador
j Graduada en la Universidad de la República, Montevideo, Uruguay
k Servicio de Nefrología e Hipertensión, IIS-Fundación Jiménez Díaz-UAM, Madrid, España
l Servicio de Nefrología, Hospital de Caldas, Universidad de Caldas, Manizales, Colombia
m Graduada en la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba, Bolivia
n Graduada en la Universidad Privada Antenor Orrego, Trujillo, Perú
o Servicio de Nefrología, Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Madrid, España
p Graduada en la Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela
q Servicio de Nefrología, Hospital Universitario 12 de Octubre, Madrid, España
r Division of Nephrology, Department of Medicine. University of Alabama at Birmingham, Birmingham, Alabama, Estados Unidos
s Servicio de Nefrología, Hospital Universitario de Cabueñes, Gijón, Asturias, España
t Centro de Nefrología, Facultad de Medicina, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay
u Servicio de Nefrología, Hospital de Manises, Manises, Valencia, España
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Sr. Director:

Recientemente se han publicado las conclusiones de una conferencia de consenso de la iniciativa KDIGO (Kidney Disease: Improving Global Outcomes) cuyo objetivo fundamental era la estandarización de la nomenclatura nefrológica para los artículos científicos escritos en inglés, siguiendo como principio fundamental la mejor comprensión por parte de los pacientes (anglosajones)3,4. Desde el punto de vista latino, llamaba la atención que una de las principales recomendaciones realizadas fuese la de usar el término kidney en lugar del término «renal» para las descripciones generales de la función y la enfermedad renal dado que se afirmaba, en el contexto inglés, que el sustantivo kidney resultaba más familiar que el adjetivo «renal»3.

Curiosamente, esta decisión no parecía que debiera inducir (razonablemente) el cambio de nomenclatura de estructuras anatómicas (p.ej., renal artery) o nombres establecidos históricamente (p.ej., UK «Renal» Association). Por otra parte, también en una lógica decisión, se respetaba el prefijo griego «nephro-» («nefro-») para síndromes, enfermedades o funciones renales (nefrítico, nefrótico, nefropatía, nefrología…)3, puesto que, de otro modo, la revisión de estos términos hubiera supuesto un exceso y podría incluso inducir el cambio de nombre de la propia International Society of Nephrology (ISN). Es por ello que un grupo de 10 nefrólogos de 9 países distintos, no solo latinos, llamamos recientemente la atención a la ISN5 sobre la necesidad de que las distintas sociedades nefrológicas (idealmente tanto nacionales como supranacionales) deberían realizar esfuerzos similares al realizado por las KDIGO para unificar la nomenclatura, y en especial los acrónimos, en cada uno de los lenguajes y publicaciones.

No se trata de no reconocer humildemente que el inglés es la lengua más rica y universal conocida, de modo que actualmente es la lingua franca en política, comercio, finanzas, tecnología, manifestaciones públicas o incluso ciencia, extendiéndose incluso más allá de terra firma, sino de reivindicar terminología no anglosajona absolutamente correcta y precisa basada en la segunda fuente de palabras inglesas, detrás de las nativas6. Además, el español no deja de ser la segunda lengua materna más hablada en el mundo (460 millones de hablantes nativos), después del chino mandarín (917 millones), mientras que el inglés es hablado por unos 380 millones de personas7.

Aparte de concepciones erróneas frecuentes (p.ej., la propia definición de enfermedad y/o insuficiencia renal crónica)8, la aparición de nueva terminología renal predominantemente de origen anglosajón (p.ej., AKI) y/o la necesidad de que las búsquedas bibliográficas actuales sean lo más amplias e inclusivas posible (p.ej., para metaanálisis o simplemente para homogeneizar el uso de palabras clave en los artículos y/o registros y/o los meta-tags en los motores de búsqueda), aconsejarían poner en marcha esta misma iniciativa en nuestro idioma y para nuestra especialidad, más allá de intentos generales previos9. En este sentido, en esta amplia confluencia de nefrólogos de muy diversos países hispanohablantes se refleja la inquietud existente y la posibilidad no solo de ser origen de debate sino también germen (génesis) de una base de discusión amplia y abierta entre los nefrólogos de nuestra lengua.

Finalmente creemos que es importante destacar que ya no se trata solamente de reivindicar que «renal» es nuestro adjetivo natural para el riñón en el ámbito científico, o que el latín fue el lenguaje de la ciencia hasta el sigloxviii, sino que, sobre todo, los clínicos no podemos olvidar que en el escenario médico actual el paciente y la individualización juegan un papel central en la toma de decisiones compartidas10. Por tanto, y especialmente en Nefrología, donde el grado de evidencia de nuestras actuaciones está en general más en el grado de la «sugerencia» que de la «recomendación»10, lo realmente fundamental son las explicaciones simples y adaptadas sobre la enfermedad que padece el paciente (ya sea «renal» o «del riñón», ya seamos nosotros «nefró»-logos o «riñón»-ó-logos), en palabras llanas y entendibles, sea cual sea su origen etimológico3,8.

Financiación

Sin financiación.

Conflicto de intereses

Los autores no tienen conflicto de intereses en relación con este tema.

Bibliografía
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Nomenclature for kidney function and disease: Report of a Kidney Disease: Improving Global Outcomes (KDIGO) consensus conference.
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X. Fuentes-Arderiu, F. Antoja-Ribó, M.J. Castiñeiras-Lacambra.
Manual de estilo para la redacción de textos científicos y profesionales.
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[10]
J. Bover, P. Ureña-Torres, S. Mateu, I. DaSilva, S. Gràcia, M. Sánchez-Baya, et al.
Evidence in chronic kidney disease-mineral and bone disorder guidelines: Is it time to treat or time to wait?.
Clin Kidney J, 13 (2020), pp. 513-521

Autores y coordinador actual (R. García-Maset) del documento de consenso de la Sociedad Española de Nefrología sobre «Diagnóstico y tratamiento de la ERC» con otras nueve sociedades médicas españolas1,2.

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